martes, 26 de marzo de 2013
Mierda pedagógica.
Sensibilizada por el momento del mes, la cercanía de mi natalicio número veinticinco o simplemente por usar acondicionador en exceso, mi mente se vio atacada por una paz interior seguida por pensamientos de gratitud ante las cosas buenas que me dejaron mis sucesivas andanzas con humanos entera o parcialmente hechos de materia fecal.
No creo que una experiencia pueda ser completamente mala. Incluso si tenemos esa sensación, al menos podemos decir que aprendimos que no queremos volver a pasar por esa alcantarilla. Mierda, pero al menos es mierda pedagógica.
miércoles, 13 de febrero de 2013
No es fácil ser un sorete.
Pongamos un poco de perspectiva. En vez de poner el cuello al aire para que nos rebanen la cabeza, vamos a mirar con los ojos del verdugo, por que de alguna manera dicho personaje subió jerarquías hasta llegar a ese puesto (si, cortando cabezas). Por que hay que admitir que no es fácil ser un sorete.
Mientras lloramos sobre nuestro kilo de helado, hay un sorete incomprendido ahí afuera sintiendo sus orejas entrar en combustión. Nosotros los despechados repartimos un "qué sorete" por aquí, un "no entiendo por qué hizo esto" por allá, "probablemente se está riendo de mi dolor" más a la izquierda y "ojalá que lo penetre un caballo con sobredosis de viagra" por dónde quede espacio.
martes, 11 de diciembre de 2012
Cómo usar un menú (o "sopa de mosca")
Puede ser que en el momento no nos demos cuenta, pero a veces las personas pecamos de conformistas sentimentales.
Si lo pensamos en términos gastronómicos (como tanto me gusta hacerlo), cuando vamos a un restaurante con el estómago vacío y la cabeza llena de dudas que nos impide decidir qué plato del menú nos llama más la atención, la presión de los otros comensales que saben qué quieren y lo quieren ya, sumado a nuestro miedo de morir de inanición, nos llevan a malas elecciones.
Sopa. Pedimos la sopa del día. Sabemos que la sopa no va a saciar el hambre, solo distraerla por un limitado tiempo para luego volver como si nada hubiera pasado por el estómago.
Si lo pensamos en términos gastronómicos (como tanto me gusta hacerlo), cuando vamos a un restaurante con el estómago vacío y la cabeza llena de dudas que nos impide decidir qué plato del menú nos llama más la atención, la presión de los otros comensales que saben qué quieren y lo quieren ya, sumado a nuestro miedo de morir de inanición, nos llevan a malas elecciones.
Sopa. Pedimos la sopa del día. Sabemos que la sopa no va a saciar el hambre, solo distraerla por un limitado tiempo para luego volver como si nada hubiera pasado por el estómago.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Errar es humano, recordar es patológico.
Cuando uno es chico y comete un error, los progenitores ponen el grito en el cielo y nos mandan al rincón en penitencia; media hora después, estamos correteando por el patio, jugando con nuestros juguetes, error cometido ya formando parte del pasado.
Cuando uno es grande, un error cometido es un arma que dispara culpa y vergüenza, con años de municiones, en manos de todo aquel que haya presenciado el hecho y/o escuchado el rumor.
Uno puede estar caminando tranquilo por la calle, pensando en lo cara que está la carne y la inminente necesidad de abastecerse de tampones, o estar en una fiesta, cordialmente presentando sus papilas gustativas con las de otro ser humano igual de educado cuando de repente siente el disparo salido de vaya a saber dónde:
Cuando uno es grande, un error cometido es un arma que dispara culpa y vergüenza, con años de municiones, en manos de todo aquel que haya presenciado el hecho y/o escuchado el rumor.
Uno puede estar caminando tranquilo por la calle, pensando en lo cara que está la carne y la inminente necesidad de abastecerse de tampones, o estar en una fiesta, cordialmente presentando sus papilas gustativas con las de otro ser humano igual de educado cuando de repente siente el disparo salido de vaya a saber dónde:
jueves, 4 de octubre de 2012
De disfraces y cuchillos.
Una persona va por la vida cruzándose a muchas otras a su paso, muchas veces sin saber de abajo de qué piedra salieron. Un porcentaje de esa gente va a tener la habilidad de hacernos sentir bien y que vamos por buen camino, mientras que la otra posee la igual de importante habilidad de levantar dicha piedra por sobre su cabeza y aplastar al prójimo con esta. ¿Por qué lo hacen? Vaya usted a saber ¿Y cómo me doy cuenta de quién es quién?
martes, 11 de septiembre de 2012
Lo tuyo es puro teatro patológico.
Si bien, como buenas novias patológicas, nos gusta ponernos en el lugar de la víctima y gritar "¿POR QUÉ ME HACÉS ESTO, DIOS?" a los cielos, la tierra y al señor que nos abre la puerta de salida de cada bar que visitamos (al taxista también si todavía tenemos las energías), no podemos mentir ni obviar el ciclo natural de los papeles que nos asigna este teatro que llamamos "relaciones". Cabe aclarar que esto no es tarea exclusiva del azar, nosotros elegimos en qué sombrero poner nuestro nombre y para qué obra presentarnos, pero una vez que lo hacemos estamos supeditados al personaje que nos toca. La obra se va escribiendo en el acto, siendo una suerte de improvisación, por lo tanto no sabemos a qué atenernos, hasta que acto tras acto los personajes se van definiendo y tomando una forma más fácilmente identificable para público y actores por igual.
lunes, 27 de agosto de 2012
De dados y chismes.
Cuando uno se reinserta en el juego de las relaciones humanas, el principio es (en la mayoría de los casos) una excitante aventura para el personaje, que parece estar bombeando endorfinas con cada bocanada de aire que inhala. Todo es fácil y maravilloso; emprendemos viaje con el sol brillando sobre nuestras cabezas, las flores cantan dulces melodías y los obstáculos son tan fáciles de vencer que lo hacemos con los ojos cerrados y una espada de gelatina.
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